Razones para NO ser nómada digital (lo que nadie te dice sobre vivir viajando)

· Actualizado: 14 de julio de 2026

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Ser nómada digital no es un proceso rápido ni fácil, y qué horror conseguirlo para darte cuenta de que no es lo que quieres. O igual y esto te ayuda a ser mejor nómada digital que yo y así te evitas estas cosas.

Hice un video en TikTok con este título que medio causó polémica y voy a aprovechar el thunder para escribir un artículo al respecto.

DISCLAIMER. A ver, antes de que se me echen encima como la banda de TikTok, quiero decir que este artículo no es la verdad absoluta, ni es para que no te conviertas en nómada digital si eso es lo que deseas. Es mi experiencia, y es para decirte: wey, es posible que pases por esto si te animas a intentarlo. Ser nómada digital no es un proceso rápido ni fácil, y qué horror conseguirlo para darte cuenta de que no es lo que querías. O igual y esto te ayuda a ser mejor nómada digital que yo, y así te evitas estas cosas. Ilustrado con fotos que tomé en Roma, Italia.

Hay un montón de nómadas digitales que te venden la idea de la computadora frente al mar mientras te tomas una piña colada, lo que es totalmente irreal. No porque no se pueda hacer, sino porque es increíblemente incómodo pretender trabajar de esta manera. Todos lo hemos intentado para la foto. Vas a estar sudando, con calor, tu computadora se va a llenar de arena y ni vas a poder ver bien la pantalla. Mi punto es que muchos te dicen que lo intentes y te muestran una idea ultra-romantizada de vivir viajando, solo para después venderte un curso de cómo conseguirlo con su fórmula secreta, y para que consumas el contenido que monetizan. Nunca he comprado uno de estos cursos. Quizás algunos sean buenos y otros no. Qué sé yo.

La neta, de este blog yo no genero ni un peso (ojalá algún día genere algunos pesos de escribir estos artículos porque me tardo un chingo). Lo hago por mero gusto y por poner ahí afuera lo que yo no encontré cuando estaba viviendo mi propio proceso. A mí de esto, NADIE ME AVISÓ.

Última nota antes de empezar: este artículo lo escribí hace un par de años, cuando apenas iba arrancando. Hoy llevo más de cuatro años en esto del viaje y me considero más una “slowmad” lo que significa que viajo leeeeento. Así que lo estoy actualizando con todo lo que he aprendido desde entonces, incluyendo un montón de cosas que en ese momento ni sabía que iba a tener que resolver. Si te interesa saber cómo le hice para comenzar mi trayecto como nómada, te lo cuento en cómo me hice nómada digital.

desventajas de viajar como nómada digital, calle de Roma Italia

Soledad, hazme un favor, yo te lo ruego

Era tan fan de Gloria Trevi en la secundaria que la fui a ver a un concierto una vez (qué vergüenza me dio cuando me enteré en lo que andaba metida la señora). En fin, empezamos fuerte y cantando, con el tema de la soledad.

Yo creo que hay dos tipos de soledad. La física, cuando estás literalmente solx porque no hay nadie alrededor; y la emocional, cuando puede haber gente a tu alrededor pero tú te sientes solx. En ruta se viven las dos. La realidad es que si te vas de nómada digital, o emprendes un viaje largo por tu cuenta (sin amigos cercanos, sin familia), la soledad toca la puerta de tu casa (u hostal, o Airbnb). Cada quien la enfrenta diferente y tenemos distintos niveles de comodidad ante ella. También depende del momento por el que estés pasando. A veces la abrazamos, le damos la bienvenida y nos sentamos a tomar café con ella. Y cuando menos la queremos ver, viene y te apuñala por la espalda. Es medio hija de putx si no estamos de humor para andarla aguantando.

Una influencer de viajes me respondió diciendo que si me siento sola ES PORQUE QUIERO, que hay muchas maneras de conocer personas. Como cuando le dices a alguien que te sientes mal y te responden “ay, no te sientas mal”. No pues, gracias…

Siempre he dicho que para mí las personas que uno conoce en los viajes son la mejor parte de la experiencia. Pero la neta es que no son tus amigos de toda la vida, ni tu familia. Y el tiempo que a veces pasamos con ellos es tan corto que es difícil construir un vínculo profundo. Es tan simple como comparar el nivel de amistad que puedes tener con alguien que conoces de hace una semana contra tu mejor amiga de toda la vida, o tu hermano. El nivel de confianza, de compañerismo y de fiabilidad no es el mismo.

Y echándome un clavado en el tema, resulta que no es solo cosa mía. Hay un estudio sobre el lado oscuro del nomadismo digital que encontró que alrededor del 40% de los “trabajadores independientes de ubicación” se sienten solos “seguido o siempre”. Pero el dato que de verdad me sacudió es este: entre quienes llevan menos de seis meses viajando, un 29% reporta soledad crónica. Pasando los seis meses, el número sube al 41%. O sea, no te acostumbras, empeora.

Si te enfermas, si te lastimas, si te roban, si te acosan, si tienes un accidente, si tienes cualquier problema: hay un montón de situaciones en las que vas a querer ir a ver a tu mamá o a tu papá y darles un abrazo, o caerle a casa de tu amigx con unas caguamas, o pedirle a alguien que te haga un favor. Y en muchos casos te vas a tener a ti mismx nada más.

la soledad como desventaja de ser nómada digital

El burnout social (el que nadie te menciona)

Este es el que más me sorprendió cuando lo empecé a sentir, porque suena contradictorio, conocer gente todo el tiempo también cansa. Hay investigación académica sobre la soledad en nómadas digitales que le puso nombre a esto: social burnout. Y describe justo lo que pasa haces amigos increíbles, y a los dos meses se les acaba la visa y se van. Entonces empiezas otra vez. Y otra vez. Y otra…

Presentarte, contar tu historia, explicar de dónde eres y a qué te dedicas, encontrar los puntos en común, construir confianza… y saber, desde el minuto uno, que esto tiene fecha de caducidad. A largo plazo es agotador. Llega un punto en el que ves a alguien nuevo llegar al hostal y piensas “¿otra vez el mismo small talk?”. Y ahí es cuando te das cuenta de que la cantidad de conexiones no sustituye la profundidad de una sola.

Viajar es como bailar: es cuestión de agarrar el ritmo

Me adapté esta frase de uno de mis libros favoritos, no crean que soy tan elocuente.

Antes de meternos a los problemas, hay que aclarar algo que casi nadie separa “viajar” no es una sola cosa. Hay muchos ritmos, y el que elijas define todo lo demás (tu cansancio, tu presupuesto, tu soledad, tu cordura).

  • Mochilerx / backpacker: te mueves cada dos o tres noches, duermes en hostales, persigues atracciones, y coleccionas ciudades. Es intenso, es barato (a veces) y es divertidísimo. Pero es un sprint, no un estilo de vida y no es sostenible a largo plazo.
  • Nómada digital: trabajas en línea desde donde sea. Te quedas más que un turista (semanas, un mes o dos) pero tu vida en el destino sigue pareciéndose bastante a la de un turista. O sea, cuando no trabajas, turisteas. Te juntas sobre todo con otros nómadas, exploras, y te mueves al siguiente lugar.
  • Slowmad: igual trabajas en línea, pero te quedas de dos a seis meses en un mismo lugar. Te da tiempo de entenderlo, de hacer amigos locales, de tener rutina. Es lo que hago hoy y lo que más recomiendo. Si te interesa el tema a fondo, escribí un artículo completo sobre qué es un slowmad y en qué se diferencia de un nómada digital.

Yo los viví todos, en ese orden y no es que lo hubiera planeado, fue a los putazos que me di cuenta de que mochilear a largo plazo es (por lo menos para mi) imposible.

De mochilera a nómada a slowmad

Cuando empecé, me movía inquieta de ciudad en ciudad, quedándome dos o tres noches, persiguiendo atracciones para tacharlas de la lista antes de correr a la siguiente, pero obviamente llegó un punto en el que mis recuerdos se volvieron un carrusel confuso de cien mil atracciones diferentes.

Después de unos meses así (durmiendo en literas con desconocidos, apretada en camiones malolientes, empacando y desempacando toda mi existencia una y otra vez), un día dije: no puedo más. Ahí me di cuenta de algo que me cambió el viaje entero, mi objetivo no era ver el mundo, era experimentarlo. Y esas son dos cosas completamente distintas.

vivir viajando como nómada digital, calle de Roma

Mi lógica de viajera coda

Ahora, ¿por qué caí en ese ritmo frenético al principio? Porque según yo mis finanzas me lo pedían.

Esto es literalmente lo que yo pensaba: Tu pasaporte no te va a permitir quedarte muchísimo tiempo en un mismo país. Y si viajas lejos, especialmente si brincas continentes, ya pagaste un vuelo carísimo para llegar. Entonces la lógica que se me metió en la cabeza fue esta: pagué unos 20 mil pesos (unos 1,000 USD) para volar de México a, no sé, por ejemplo, Roma. Estando ahí, te enteras de que un vuelo a París o un tren a otra ciudad cuestan 400 pesos (unos 20 USD). Y sabes que tu tiempo en Schengen está contado…

Entonces pienso: a ver, ¿voy hasta el otro lado del mundo, pago una fortuna, tengo los días contados… y me voy sin conocer nada más que Roma? Ni modo que no ande brincando como loca por toda Europa, hay que aprovechar. Y de repente estás en cinco países en seis semanas, mareadx, quebradx y sin acordarte de nada.

Me daba un chingo de codo (mexicano para “me parece carísimo”) no moverme para VER MÁS, sentía que estaba desperdiciando un vuelo caro, así que exprimía lo más posible cada día, y la neta suena bastante razonable. El problema es que esa es exactamente la trampa que, a la larga, te quema las ganas de seguir.

Cómo lo veo hoy, cuatro años después

Mi perspectiva cambió completamente, y este es probablemente el consejo más práctico de todo el artículo.

Hoy me quedo tiempos laaargos en un mismo lugar, y ya casi no compro vuelos largos. La mayoría de los vuelos que tomo son de tres a cinco horas, y me voy moviendo lento por el continente en el que estoy. En vez de brincar de un lado del planeta al otro cada cierto tiempo, exploro una región a fondo y luego, cuando de verdad ya la viví, me muevo al siguiente continente.

Los vuelos de 15, 20 horas a veces son inevitables, pero trato de no hacer más de uno al año. Y eso, por sí solo, me ahorra un montón de varo (dinero en mexicano)

Aquí está el truco mental que me destrabó la existencia viajera, el vuelo caro no es una inversión que hay que “exprimir”, es un costo hundido. Ya lo pagaste. Correr por cinco países no te devuelve ese dinero, solo te gasta más (transporte, hospedajes nuevos, comida fuera, la despensa que tiras cada mudanza) y te deja hecho polvo. La lógica del codo te hace gastar MÁS por querer exprimir hasta el último centavo. Viajar es aprender a dejar ir.

Además, quedarte tres meses en una ciudad, te sale más barato que tres semanas brincando, porque las rentas mensuales tienen descuento, cocinas en casa, aprendes dónde compra la gente local, y dejas de pagar el impuesto invisible de la mudanza constante y se reducen los costos de ‘turista’. Sale más barato, te cansa menos, y encima experimentas a profundidad el lugar. No sé por qué tardé tanto en darme cuenta.

Y la verdadera libertad llega cuando aceptas que no tienes que verlo todo. Y que eso está perfectamente bien. Ya sé, suena fácil pero me tardé cuatro años en llegar a esta conclusión y en ocasiones todavía me cuesta trabajo practicarlo.

razones para no viajar como nómada digital

Tienes los días contados

Qué bonito quedarse cinco mil meses en un lugar, pero hay un gran obstáculo: la visa.

Y aquí está el detalle que te puede romper el plan slowmad perfecto si no lo planeas bien. No tienes el tiempo del mundo para quedarte donde quieras. Entres como turista o entres con una visa de nómada digital, tu tiempo está contado. Podemos querer ser muy slowmads, muy viajeros lentos, muy “voy a echar raíces temporales aquí”, pero si tu permiso te da 90 días, pues son 90 días. El reloj corre desde que te sellan el pasaporte y a los de inmigración no les importan tus intenciones.

Cada país es su propio universo: hay lugares que te dan 30 días, otros 90, otros 180. Algunos te dejan extender desde adentro, otros te obligan a salir del país y volver a entrar. Algunos tienen visa de nómada digital (que suele pedirte comprobante de ingresos, ahorros o seguro médico) y de otros no se sabe bien. Si eres de México, chécalo siempre en la Guía del Viajero de la SRE, si no, checa directo con la embajada del país, y hazlo antes de comprar el vuelo, no después.

Voy a agarrar el ejemplo de Schengen otra vez, porque es el que más confunde a todo el mundo y porque fue justo donde comencé mis viajes.

La regla es: 90 días dentro de un periodo de 180. Y no, no significa “90 días y luego se reinicia el contador”. Es una ventana móvil: en cualquier momento, si sumas todos los días que estuviste dentro de Schengen en los últimos 180, no pueden pasar de 90. O sea, el contador se va arrastrando contigo. Puedes salirte una semana a Marruecos o a Turquía y regresar, pero esos días que ya usaste siguen contando hasta que “caduquen” 180 días después.

La Comisión Europea tiene una calculadora oficial para sacar las cuentas exactas, y te recomiendo usarla. Pasarte de días no es un “ups se me pasó” y sanseacabó. Puede costarte una multa, una deportación, o una prohibición de entrada al espacio Schengen por años, y si quieres ser viajero pasarte los días es de lo peor que puedes hacer porque literalmente te cierras las puertas del mundo.

Una nota sobre el pasaporte mexicano, porque tenía la idea de que iba a ser otro obstáculo y me sorprendí. La verdad es que no ha sido mi experiencia. Viajo con Andrew, que es estadounidense, y en la gran mayoría de los países entramos con exactamente las mismas condiciones y los mismos días. Las excepciones han sido poquísimas. Así que si te estás frenando por eso, no te frenes: el pasaporte mexicano abre más puertas de las que crees.

Lo que sí cambia a veces es el trato en migración. A mí me tienden a interrogar más. Me preguntan más cosas, me piden más comprobantes, me hacen esperar más. Andrew pasa enseñando el pasaporte como enseñando la credencial del gym, y a mí me toca explicar a qué me dedico, dónde me voy a quedar, cuándo me voy y con qué dinero… Si eres latinx ya sabrás, nada más ve preparadx.

Si te mueves mucho…

Ya definimos que el ritmo lo eliges tú (dentro de lo que tu visa te deje). Pero si decides moverte rápido, o si tu situación te obliga a hacerlo, déjame contarte lo que te espera.

Empacar, desempacar, empacar, desempacar

El primer problema es que hay que andar arrastrando toda nuestra existencia: uno mismo y todos nuestros tiliches (como dice mi mamá). Tú y tu maleta, o maletas, o mochilas, van a estarse trasladando por medio mundo. El nivel de fastidio dependerá de qué tan buenx seas empacando. Y la neta, es que empacar, para mí, siempre será un martirio. No importa cuántos años lleve viajando, no importa cuántos cubos organizadores compre. Lo que sí puedo decirte es que cada vez me dan menos ganas de llorar (sí he llorado al empacar ya te contaré más sobre esto después).

Hoy por lo menos ya aprendí que empacar “por si acaso” es una trampa, si necesitas algo urgentemente, cómpralo en tu destino. Si no, puedes estar cargando con algo por meses que nunca vas a usar hasta que lo terminas abandonando en un hostal sintiéndote culpable y aliviada al mismo tiempo. Si quieres el detalle completo de lo que cargo y lo que jubilé (incluyendo una licuadora), lo escribí todo en mi lista de qué empacar para nómadas digitales.

Luego, algo que no parece difícil hasta que lo vives es que cuando vives viajando, no tienes un espacio tuyo en el mundo. Cada lugar es prestado, rentado, temporal, cada lugar es nuevo. Duermes en camas que no son tuyas, con almohadas que no son tuyas, en cuartos que huelen distinto, con ruidos que no reconoces, con una luz que entra por donde no esperabas. Aprendes de memoria dónde está el baño en la oscuridad y a la semana siguiente ya tienes que aprenderlo otra vez, en otra casa.

Y la verdad es que esto no se arregla del todo viajando lento. Sí se alivia muchísimo pero la constante sigue, siempre llega el día en que te tienes que ir. Por más que le agarres cariño al depa, por más que ya sepas cuál es tu lado de la cama, ese lugar nunca fue tuyo. Y en algún momento vas a estar guardando tus cosas otra vez, mirando un cuarto vacío que por un ratito se sintió como tu hogar y despidiéndote.

El cuerpo te va a pasar la factura

Y luego está el cansancio físico, el que sí se siente en las piernas.

Porque no es nada más caminar para explorar la ciudad (aunque eso solo ya es un montón: un día promedio cuando estaba de FOMO (terror a perderme la ‘experiencia’) eran unos 15 mil pasos, y uno intenso llega a unos 30 mil). Y es que cuando el tiempo no te alcanza, quieres hacerlo TODO en cuatro días. Y entonces el lunes es el sitio arqueológico, el martes el snorkel, el miércoles subes la montaña, el jueves el tour de las cascadas, el viernes el mercado y el museo, y el sábado a las 5 de la mañana ya andas de nuevo cargando la maleta rumbo a la central de autobuses.

No es que sea malo y tampoco quiero estarme quejando de todo, es verdad que son experiencias increíbles. El problema es meterlas todas juntas, sin respiro, semana tras semana, durante meses. Ahí es donde tu cuerpo te empieza a reclamar y te duelen los pies, la espalda, las rodillas. Te enfermas más seguido porque duermes mal. Y llega el día en que estás parada frente a un templo milenario, precioso, y lo único que piensas es “ya me quiero ir a dormir”.

Yo creo que ese es el momento más triste de todos, cuando te das cuenta de que estás harta de las cosas que soñaste hacer y lo maravilloso se volvió casi una obligación en tu itinerario.

¿Cómo contrarrestar el cansancio?

Ya sé que parezco perico pero es que en serio ir lento ayuda mucho. Cuando te quedas tres meses en un lugar, no tienes que meter todo en una semana, puedes hacer el hike un fin de semana y el otro fin no hacer nada. O puedes esperar a que el clima esté bueno para el snorkel en vez de meterte al agua con lluvia porque era tu único día libre.

Cuando tienes tiempo de sobra, dejas de hacer las cosas por FOMO y empiezas a hacerlas porque de verdad se te antojan. Te saltas el museo que no te llama sin sentir culpa. Repites tres veces la caminata que te encantó. Descubres que tu actividad favorita del lugar era una que ni venía en las listas.

El mismo lugar, las mismas actividades, pero tu cuerpo (y tu cabeza) lo viven completamente distinto. Y no terminas fastidiadx de lo que viniste a amar.

desventajas de ser nómada digital, cansancio y movimiento constante

El cansancio que no se ve

Este es el más traicionero porque no lo sientes en las piernas es como fatiga de decisión, y es de las causas principales del burnout nómada.

Piénsalo así, cuando vives en un lugar fijo, tu cerebro tiene casi todo en piloto automático. No decides a qué tienda ir o a qué gym ir, solo ya sabes donde quedan los lugares de tu rutina. No tienes que estar decidiendo cómo llegar al trabajo. Ya en el super sabes en qué pasillo está el aceite, el azúcar, sabes cuál cajero de tu banco no cobra comisión, sabes que el café de la esquina abre a las siete. Todo eso, que parece nada, es una carga mental que tu cerebro ya resolvió y archivó.

Ahora borra todo eso cada tres semanas.

Cuando te mueves seguido, absolutamente todo vuelve a ser una decisión. ¿Dónde compro comida? ¿Este barrio es seguro de noche? ¿Cómo funciona el camión? ¿Se paga en efectivo? ¿Cuánto de propina se deja aquí? ¿Se puede tomar el agua? ¿De qué lado se camina? ¿Dónde hay wifi que aguante una videollamada? ¿Cómo se dice “sin queso” en este idioma? ¿Cuánto son veinte soles o trece quetzales? Son cien microdecisiones diarias que en tu vida normal simplemente no existían.

Ninguna de esas decisiones es realmente difíci, son tan chiquitas que ni las registras como esfuerzo, y por eso te agarran desprevenidx. Llegas al final del día vacío, sin haber hecho “nada”, y te sientes culpable por estar cansadx en el paraíso. Luego te sientas a trabajar y descubres que ya no te queda gasolina en el tanque para las decisiones que de verdad importan, las de tu vida o tu chamba. Por eso tanta gente reporta que su productividad se va al carajo viajando, y no entienden por qué.

El nómada que se mueve cada tres semanas vive en un estado permanente de “primera semana”. Nunca sale de la parte cara, cansada y desorientada de estar en un lugar nuevo. Es como pagar la entrada de un lugar y salirte antes de que empiece la función.

Cuando le bajé al ritmo, el cambio no fue solo que descansaba más. Fue que recuperé mi cabeza. Volví a tener espacio mental para escribir, para pensar, para aburrirme (que es donde nacen las ideas). Y honestamente, ahí fue cuando esto dejó de sentirse como un viaje muy largo y empezó a sentirse como una vida.

Ah, y sobre empacar: cuando viajas lento, empacas cineco veces al año en vez de cincuenta. Sigue siendo un martirio, pero es un martirio ocasional. Y créeme que eso, para alguien como yo, es todo un logro.

¿Planear o no planear?

El otro tema son los hospedajes. Paso importante para lograrlo sin morir en el intento: reserva con anticipación. Me supera la cantidad de veces que estuve desesperada porque se me ocurrió viajar a X ciudad en temporada alta, quería quedarme otra noche y no quedaba nada decente, y luego no tenía dónde dormir. Y la cantidad de viajeros que he conocido que han pasado por lo mismo, me muero. No te imaginas lo común que es.

Tampoco te voy a mentir: cada una de esas situaciones resultó en experiencias increíbles que nunca voy a olvidar. Pero bueno, dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, y a mí me aplica en cada uno de esos momentos. Igual y tú eres mejor planeador que yo y no te pasa nunca. Yo muchas veces decidí no planear tanto porque me gusta la aventura, la incertidumbre y la flexibilidad de moverme. Sobre todo en los viajes donde decido que quiero ver mucho. Pero cuando elijo una ciudad para quedarme meses (que es lo que ahora hago más), rento un solo lugar desde el principio porque sale más barato.

Del hospedaje…

Dependiendo de tu presupuesto y tus preferencias serán los lugares que puedas rentar. Hay mil opciones: Airbnb, departamentos, hostales, hoteles.

Lo más barato y lo mejor para conocer gente son los hostales.

El tema de ser nómada en hostal es que es un volado. Puedes encontrar hostales equipados para nómadas, con espacios de coworking, cafecito en la mañana, súper buen internet, y como todos trabajan, todos son respetuosos. O te puedes topar con un party hostel donde la gente llega borracha a la habitación a las 4 de la mañana y te prende la luz sin piedad, o entran gritando. O peor: que no te aguantes y que, a pesar de tener que trabajar, seas tú la borracha que llega a las 4 de la mañana.

Aunque bueno, los Airbnbs y los hoteles tampoco son garantía. Una vez estaba cansada de dormir en habitaciones compartidas y me fui a un Airbnb a “descansar mejor”, según yo, y la cama estaba peor que la del hostal.

Lo más cómodo para nómadas son las rentas locales o Airbnbs.

Aunque sí tuve esa “mala” experiencia, creo que en general si planeas viajar a largo plazo lo hostales no son una opción sustentable. Están excelentes para ahorrar y viajar rápido y conocer gente pero es agotador. Créeme, pasé 9 meses en Europa brincando de un hostal al otro. Si rentas meses completos, en Airbnb puedes conseguir descuentos buenísimos. Me ha pasado que el precio de un Airbnb por dos semanas es más alto que el precio de rentar un mes completo EN EL MISMO LUGAR.

Antes de reservar cualquier lugar largo, pídele al host una captura de pantalla de un test de velocidad y siempre, siempre, ten un plan B: un chip de datos local o un eSIM como Airalo (con el código DIANA88674 te dan 3 USD de descuento en tu primera compra) para hacer hotspot el día que se caiga el internet justo antes de una junta. Porque se va a caer justo antes de una junta.

ser nómada digital en Roma, trabajando desde el extranjero

Nadie te avisa de la parte aburrida: la burocracia

Esta sección no existía en la versión original de este artículo porque, honestamente, cuando lo escribí yo tampoco tenía idea. Y es probablemente lo más importante que voy a decir aquí, porque es lo menos sexy de viajar y lo que más problemas te puede causar.

Impuestos y residencia fiscal

Irte de tu país no te desconecta mágicamente de pagar impuestos, si eres de México, el SAT. En el estudio que cité más arriba, el 84% de los nómadas digitales reportó haber tenido problemas con impuestos al menos una vez.

Lo importante es entender que tu residencia fiscal no es lo mismo a en dónde estás paradx. En México se define por tu “centro de intereses vitales” (dónde tienes casa habitación, de dónde vienen más del 50% de tus ingresos, dónde está el centro principal de tus actividades). Puedes pasarte el año entero fuera y seguir siendo residente fiscal mexicana, lo que significa que México te puede gravar tu ingreso mundial. O puedes dejar de serlo, pero eso requiere más que solo empacar la maleta.

Igual considera que muchos países consideran que si pasas más de 183 días en su territorio, te vuelves residente fiscal ahí. O sea, te puedes meter sin querer en una doble tributación por quedarte demasiado tiempo en un lugar que te encantó.

No te voy a dar asesoría fiscal porque no soy contadora y sería irresponsable. Lo que sí te voy a decir es esto: consíguete un contador que entienda de esto ANTES de irte, no dos años después cuando ya la regaste. Consulta directamente el portal del SAT y si vives afuera, chécalo con un profesional. Es el gasto más aburrido y más necesario de toda esta vida.

Bancos, VPN y que si eres o no un robot

Cosas que nadie te dice y que te van a pasar: tu banco te va a bloquear la tarjeta por “actividad sospechosa” justo cuando estás pagando el taxi del aeropuerto a las 2 de la mañana en un país donde no hablas el idioma. Tu app te va a pedir un código SMS a un número que ya no usas. Tu servicio de streaming te va a decir que “no está disponible en tu región”. Y algunas páginas de tu propio banco simplemente no van a abrir desde ciertos países.

Soluciones que aprendí a la mala: avisa a tu banco antes de moverte si lo requiere, ten mínimo dos tarjetas de bancos distintos (guardadas en lugares distintos, por si te roban una), conserva un número local activo aunque sea con un plan barato, y usa una VPN. Yo uso Surfshark (con ese link te dan un mes gratis), que además de resolverte el tema del banco y el streaming, te protege cuando te conectas al wifi público de un café o un aeropuerto, que es donde de verdad te pueden robar información (ya me pasó)

Si te enfermas / visitas al doctor

Algo más que no había considerado y no me di cuenta hasta años después es la continuidad médica. Si tomas algún medicamento, si necesitas revisiones periódicas, si tienes una condición… conseguir tus recetas en otro país, encontrar tu medicamento con otro nombre comercial, o mantener un tratamiento consistente saltando de país en país es un rollo real. Y tu historial médico está regado en cinco clínicas de tres continentes. Incluso con temas sencillos como limpieza dental, es una flojera estar buscando un lugar nuevo una y otra vez.

Sobre el seguro de viaje

Aquí voy a ponerme intensa un segundo, porque me he encontrado a demasiada gente viajando sin seguro y “cruzando los dedos”. Nooooo.

Te vas a enfermar. Te vas a caer de una moto, o te va a agarrar una intoxicación en un puesto callejero, o te vas a torcer un tobillo bajando de un volcán. No es pesimismo pero si pasas años viajando, algo te va a pasar. Y una visita a urgencias en Europa o en Estados Unidos puede costarte lo que llevas ahorrado en dos años.

Yo recomiendo Genki para nómadas digitales está excelente porque manejan dos productos según tu situación:

  • Genki Traveler: para viajes más cortos, se activa y desactiva fácil, ideal si andas entrando y saliendo.
  • Genki Native: pensado para quienes viven en el extranjero a largo plazo, con cobertura más completa.

Lo que sí es que uses el que uses, lee las exclusiones antes de contratar. Fíjate si cubre deportes de aventura (muchos no cubren moto, buceo ni montañismo), si tiene deducible, si incluye evacuación médica de emergencia, y si te cubre en tu país de origen cuando regreses de visita, etc.

Va a salir más caro de lo que crees

El mito de “vivir viajando es más barato” es medio verdad y medio mentira. Sí, puedes vivir en el sudeste asiático por menos de lo que pagas de renta en la CDMX. Pero hay una lista de gastos invisibles que nadie te suma:

  • La ineficiencia del movimiento. Cada vez que te mudas, pagas transporte, pagas la primera noche cara mientras encuentras algo mejor, tiras la mitad de la despensa que compraste, y vuelves a comprar aceite, sal y shampoo. Es un impuesto invisible que pagas cada mudanza.
  • Comer fuera todo el tiempo. Si tu Airbnb no tiene cocina, o tiene una cocina inservible, vas a comer fuera más de lo que esperas. Y eso, día tras día, es carísimo comparado con cocinar.
  • Las comisiones. Cambios de divisa, retiros en cajeros extranjeros, comisiones de tu banco. Son 3 dólares aquí y 5 allá, y al año son cientos.
  • El seguro, las visas, los trámites. Gastos que en tu vida normal no existían.
  • El FOMO. Este es el más caro de todos. Estás en Camboya, ¿de verdad NO vas a ir a Angkor Wat? Estás en Turquía, ¿no vas a volar en globo en Capadocia? Cada “es que ya estoy aquí” cuesta dinero. Y tienen razón, ya estás ahí. Pero se acumula.

Y luego está lo otro: la inestabilidad de los ingresos. Aquel mismo estudio que ya mencioné encontró que casi el 77% de los nómadas piensa constantemente en su estabilidad financiera. Trabajar como freelance o para clientes remotos casi nunca es una quincena fija. Hay meses buenos y meses en los que te preguntas si vas a poder pagar el próximo mes de renta. Sin aguinaldo, sin seguro social, sin vacaciones pagadas, sin IMSS, sin Infonavit, y sin nadie ahorrando para tu retiro más que tú.

Tu cuerpo probablemente va a cambiar

Aunque para cada quien la experiencia es diferente, al viajar nuestros hábitos cambian y, como consecuencia, nuestro cuerpo también. Para algunos puede no ser un problema, pero para otros sí.

Personalmente, me encanta hacer ejercicio y comer sano, pero ha sido muy difícil balancear la vida de nómada digital con la vida de persona saludable. Puede ser que subas muchísimo de peso por comer en la calle, o por probar la comida increíble de los lugares que visitas. A veces preferimos destinar el tiempo libre a explorar, conocer gente o ir de fiesta, en lugar de hacer ejercicio o tomarnos el tiempo de cocinar. O lo contrario: puede que bajes muchísimo de peso por caminar un montón y por ahorrar tanto que a veces hasta te saltes comidas. Ninguno de los dos es saludable. De esto se trata de aprender a balancear, y la realidad es que es un proceso distinto para cada quien.

Ah, y un detalle si comes plant-based como yo, en algunos países es facilísimo (Vietnam y Tailandia son un sueño) pero luego te la vas a pasar explicando en cuatro idiomas que el pescado también es un animal. Se puede, pero requiere más planeación.

Cuida tus emociones

La montaña rusa emocional no creo que sea solo cosa mía. Al estar de viaje nos exponemos a tantas emociones y vivimos tantas experiencias, tan rápido y tan intensamente, que a veces encontrar nuestro centro y gestionar todo lo que sentimos se vuelve un desafío.

El tema principal de este artículo es exponer que ser nómada digital no es todo color de rosa. Como en cualquier camino que elijamos, hay altas y bajas. A veces idealizamos el viajar porque pensamos que es como estar de vacaciones, o hay quienes piensan que estamos “escapándonos de nuestra vida”. No sé ustedes, pero yo, cuando viajo, mi realidad y mi vida me persiguen. Cuando lo negativo se asoma por la ventana, es humano sentirse mal. Y cuando las maravillas de vivir de viaje se combinan con la experiencia de ser humano, pues la bola de nieve emocional se presenta, y a veces se siente como una avalancha. De felicidad, de plenitud, de soledad, de confusión.

Es parte de la experiencia humana. Y lo mejor que podemos hacer como personas, y en este caso como nómadas digitales, es aprender a procesar lo que estamos sintiendo. Entender nuestras emociones, sentirlas, vivirlas, disfrutarlas y dejarlas pasar. Yo tengo mi psicóloga en línea y ha sido una joya tener mi terapia a pesar de la distancia. A cualquiera que viva esta experiencia (no la de ser nómada, sino la de ser humano y estar vivo) le recomiendo que aunque sea una vez en la vida se acerque a unx psicólogx, simplemente para aprender a entenderse mejor.

Lo que se rompe en tu casa mientras no estás

Esta es la parte más dura y la que menos aparece en los reels de travel indluencers.

La vida en tu país sigue sin ti. Se casan tus amigos, nacen sus hijos, cumplen años tus papás, se enferma tu abuela. Y tú te enteras por WhatsApp. Vas a sentir culpa, vas a hacer cuentas de cuánto cuesta un vuelo de emergencia, vas a llorar en el baño de un hostal por algo que pasó a diez mil kilómetros de distancia.

Y cuando regresas de visita, pasa otra cosa rarísima que se llama choque cultural inverso: llegas a tu propia casa y ya no encajas del todo. Tus amigos siguieron con su vida, tienen chistes internos que no entiendes, y cuando les cuentas de tus viajes sientes que presumes o que aburres. Ya no eres de allá, pero tampoco eres de ningún otro lado. Es una sensación muy específica que solo entiende quien la ha vivido, y no te la advierten en ningún curso de “cómo ser nómada digital en 30 días”.

fotos de Roma tomadas por Danitza Yáñez

En fin,

Una vez leí un libro que decía que la vida se trata de elegir tus problemas. Porque los problemas nunca los vamos a poder eliminar, siempre se van a presentar de una u otra manera. Así que, según el autor, la felicidad es más fácil de alcanzar cuando sabemos elegir nuestras complicaciones.

Al ser nómada digital te vas a estar moviendo un montón. Vas a estar solx mucho tiempo. Vas a gastar más dinero del que crees. Vas a extrañar a tus amigos y a tu familia. Te vas a cansar como nunca. Te va a doler todo el cuerpo. Si reservas en hostal vas a compartir cuarto y baño con 4, 6, 8, 10 personas. Si reservas Airbnb u hotel para estancias cortas te va a salir caro. Si tu estancia es larga, tu flexibilidad para conocer otros destinos disminuye. Tu cuerpo va a cambiar. Tu dieta va a cambiar. Tus hábitos y tu rutina van a cambiar. Vas a tener que resolver impuestos, seguros, visas y bancos tú solx. Y todo eso mientras trabajas y además pasas por tus procesos naturales de la existencia humana (inserta aquí cualquier situación: enfermedades, problemas familiares, relaciones de pareja, expectativas, accidentes, emociones complejas, depresión, ansiedad, inseguridades, deudas, soledad, miedo, confusión, etc.).

Si a pesar de saber que posiblemente pasarás por una, o dos, o todas estas cosas, todavía crees que vale la pena por todo lo bueno que puedes encontrar en el mundo a través de esta experiencia, lánzate a la aventura. Nos vemos del otro lado.

No te lo voy a negar: es increíble y ha sido la mejor decisión de mi vida.

Escribo con arena todavía en los huaraches, edito fotos mientras equilibro la cámara en las rodillas en algún camión destartalado, y persigo historias que a veces me hacen cuestionar mis decisiones de vida.

Si mis palabras o fotos te sacaron una sonrisa, te enseñaron algo, o te dieron aunque sea el mínimo antojo de comprar un boleto sin regreso, puedes apoyarme manteniéndome cafeínada (y más inspirada) con un cafecito virtual.

Piénsalo como echarle gasolina al cerebro que de alguna forma convierte pensamientos borrosos de aeropuerto en historias y consejos para ti.

Un cafecito = menos sopas Maruchan, más aventuras, y una escritora que quizás por fin deje de editar a las 3 de la mañana.

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